Obesidad y Desigualdad, una doble carga de malnutrición.
- Dra Amparo Amoroso

- 4 mar
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Dra Amparo Amoroso Moya
Endocrinóloga
La malnutrición en todas sus manifestaciones, obesidad, desnutrición y déficit de nutrientes, constituye uno de los desafíos más complejos de la salud pública. El acelerado incremento de la obesidad desde 1990, con duplicación en adultos y crecimiento exponencial en población pediátrica, evidencia una transformación estructural de los sistemas alimentarios, los patrones de consumo y los determinantes sociales de la salud. Las proyecciones globales hacia 2035, estiman alrededor de 1.770 millones de personas viviendo con obesidad, confirman que no se trata de un fenómeno transitorio, sino de una crisis sanitaria de carácter sistémico.

En Ecuador, este escenario se expresa mediante la doble carga de malnutrición (DCM) y, en determinados contextos, la triple carga de malnutrición (TCM). La DCM describe la coexistencia de desnutrición crónica infantil, sobrepeso u obesidad y enfermedades crónicas no transmisibles relacionadas con la dieta dentro de una misma población. La prevalencia de desnutrición crónica infantil (20,1%) y de sobrepeso infantil (9,4%) revela profundas brechas sociales y territoriales. La TCM incorpora además el denominado “hambre oculta”, caracterizado por deficiencias subclínicas de micronutrientes esenciales, como hierro, zinc, yodo y vitaminas A y B12, que impactan negativamente en el desarrollo cognitivo, la inmunocompetencia y la productividad, aun en ausencia de sintomatología evidente.
El abordaje conceptual de la obesidad ha experimentado una evolución sustantiva. En 2024, The Lancet propuso redefinirla como una enfermedad crónica basada en el exceso de adiposidad, desplazando la centralidad exclusiva del índice de masa corporal como criterio diagnóstico. Posteriormente, en 2025, la Asociación Americana de Endocrinología Clínica consolidó esta perspectiva al enfatizar la relevancia de la distribución y función del tejido adiposo y su impacto metabólico, mecánico y psicosocial. Este enfoque reconoce la obesidad como una entidad compleja, multifactorial y progresiva, influenciada por interacciones biológicas, ambientales y estructurales.

Desde la teoría de los determinantes sociales de la salud, la malnutrición no puede comprenderse al margen de los contextos económicos y políticos. La pobreza, la inseguridad alimentaria, la precariedad laboral y la urbanización no planificada configuran entornos obesogénicos que restringen la capacidad de elección individual. La disponibilidad predominante de alimentos ultra procesados de bajo costo y alta densidad energética, en contraste con el limitado acceso a alimentos frescos y nutritivos, reproduce inequidades sanitarias. Asimismo, el estigma asociado al peso corporal y los sesgos implícitos en la atención médica constituyen barreras estructurales que afectan la calidad del diagnóstico y tratamiento.
Las implicaciones económicas y sanitarias de la DCM son sustanciales. El aumento de enfermedades metabólicas, cardiovasculares y osteoarticulares incrementa el gasto sanitario y reduce la productividad laboral. En este contexto, la inversión en prevención primaria, intervención temprana y abordaje multidisciplinario resulta más costo-efectiva que la atención de complicaciones avanzadas.
En conclusiòn, la doble y triple carga de malnutrición representan expresiones sensibles de desigualdad estructural. Su abordaje requiere políticas públicas integradas, con enfoque de equidad, género y derechos humanos, orientadas a transformar los sistemas alimentarios y fortalecer la respuesta del sistema de salud desde una perspectiva no estigmatizante y basada en evidencia científica.
Por lo que la salud es un derecho no un privilegio y se debe adoptar cambios saludables durante todo el ciclo de la vida.




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